miércoles, 18 de septiembre de 2013


Que la buena estrella las acompañe.

10/9/2013

 

El siglo XX ha sido el del descubrimiento de las mujeres, el de nuestra revolución, la única incruenta de la historia, y el de nuestro modelo teórico: una filosofía llamada feminismo.

Ahora, aspiramos a que este siglo XXI sea el siglo de las mujeres. Es cierto que nos queda mucho camino por recorrer para pasar de los derechos a los hechos. Las más afortunadas para, desde la igualdad legal, llegar a la igualdad real, y las que lo son menos afortunadas intentando que se cumpla la tautológica conclusión de la Conferencia de Pekín del año 1995: "Los derechos de las mujeres son derechos humanos". Lamentablemente esta afirmación de Perogrullo no es tan evidente en algunos países del mundo: lapidaciones públicas, ataques con ácido, ablaciones del clítoris, matrimonios concertados de niñas, violaciones, asesinatos por terrorismo machistas…

En este "primer" mundo desde el que escribo, la feminización creciente de la pobreza se da la mano con la exigencia femenina de una forma diferente de entender el trabajo y la vida. Y no es que las mujeres seamos menos competitivas y, mucho menos, que estemos peor cualificadas; sencillamente, somos el producto de una educación y socialización distintas, la vida privada y la afectividad son más importantes en nuestra escala de valores. Además y, desde luego, el "techo de cristal" existe, duro y resistente, bloqueando muchos sueños y aspiraciones.

Para que las mujeres pudiéramos estar representadas en política, el movimiento feminista recurrió primero al sistema de cuotas, tan denostado, para luego llegar al concepto de democracia paritaria, que aun siendo mucho más ambicioso, o tal vez por ello, se consiguió con menos reticencias. Por eso hoy siento una especial alegría al tener una mujer presidiendo el gobierno de Andalucía, y sabiendo que en su gabinete hay señoras de importantes perfiles, trayectorias, empeños y proyectos que auguran formas de hacer política más cercanas a las preocupaciones reales de la ciudadanía, más solidarias, más comprometidas con los derechos sociales.

Es cierto que el solo hecho de ser mujer no basta para crear tan optimistas expectativas, pero sí lo es el célebre dicho de que una mujer tiene que hacer el doble de méritos que un hombre para que le sea reconocida la mitad, y esto es ya una garantía.

No tengo duda respecto a que todas son luchadoras, pero pacifistas; firmes, pero negociadoras; seguras, pero cálidas.

Levanto mi copa y brindo por Susana Díaz, Maria Jesús Montero, Elena Cortés, Maria Jesús Serrano, Elena Víboras y mi amiga Maria José Sánchez Rubio. Espero que la buena estrella las acompañe.