miércoles, 2 de octubre de 2013

Pretexto misógino del Gobierno Popular 10-07-2013

No salgo de mi indignación con este gobierno de Rajoy, y no precisamente por los sobres y las tramas de corrupción, porque eso creo que está afectando incluso a sus propias filas. Me indigno por el trato que nos dispensa a las mujeres. Ya comentaba la semana pasada el maltrato que están sufriendo las que deben cuidar a personas dependientes a su cargo. Y aun no nos ha dado tiempo a digerir tan nefastos datos, cuando tenemos que enfrentarnos a otro ataque que se nos anuncia para el primer día de agosto. Con la llegada de la democracia habíamos conseguido en nuestro país sacar la maternidad del entramado del poder, convertirla en una decisión íntima, respetable y respetada, pero la llegada del PP al Gobierno nos ha recordado el que según ellos es nuestro verdadero papel en la sociedad. “Las mujeres, mujeres, son madres”, nos dijo, y apareció claro nuestro destino único, universal, milenario, sin escapatoria alguna, ni libertad de elección posible. Es evidente que este gobierno solo entiende a las mujeres como seres reproductivos y cuidadores, es decir, el modelo de hembra del nacional catolicismo imperante durante la dictadura de Franco. Quienes componen el gobierno no han evolucionado, en esta materia, en los últimos cincuenta años. Por si no tuviéramos bastante con el atentado a la libertad de elección sobre la maternidad que está perpetrando Gallardón, con lo que él define como una reforma de la ley de salud sexual y reproductiva en lo referente a la interrupción voluntaria del embarazo, y que yo considero un vuelta de tuerca al pasado, ahora nos anuncias nuevas medidas del ministerio de Ana Mato. A partir de la “agostada” se suprimirá de la financiación pública hasta ocho anticonceptivos de última generación. El gobierno sabe que esos medicamentos están siendo consumidos por más de dos millones de mujeres. Muchas de ellas se están viendo afectadas por la crisis económica que no les permitirá detraer de sus escasos o nulos ingresos el coste de los fármacos. Así las cosas y salvo que sus compañeros utilicen preservativos, es probable que aumente el numero de embarazos no deseados. Como es lógico todas estas medidas reciben el beneplácito de una hipócrita y trasnochada jerarquía católica que cada vez tiene más puntos de conexión con la islamista en su no disimulada aversión a las mujeres, a las que nos consideran seres impuros. Esa jerarquía, solo de hombres, que se opone al uso de los anticonceptivos, al matrimonio entre personas del mismo sexo y a las leyes de igualdad que implican una “peligrosa ideología de género”. La situación la ha definido Concha Caballero “a fin de cuentas, el aborto y la anticoncepción no son el texto, sino el pretexto de una sublevación contra el tiempo y la libertad de las mujeres”